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Voluntariado para el cuidado ambiental

Cada año son más los voluntarios y voluntarias que motivados por su interés y compromiso se suman a las actividades de cuidado ambiental y restauración que propone el Mvotma, a través de su Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama).

La restauración de ecosistemas en el entorno de la cuenca del Santa Lucía, mediante plantación de especies nativas, es una de las propuestas de la Dinama que despertó mayor interés entre voluntarios inscriptos en el Programa Nacional de Voluntariado del Ministerio de Desarrollo Social, del que participan otras 34 instituciones públicas, y miles de voluntarios.

El Mvotma acompañó este Programa desde su origen, en una apuesta por impulsar la participación ciudadana en la gestión pública y en particular en la gestión ambiental, donde es clave hacer sinergia, multiplicar acciones, promover conciencia y sensibilidad, en temas que nos implican a todos, y cuyos resultados no se ven en el corto plazo sino que son frutos de esfuerzos y procesos de largo aliento.

El pasado jueves 17 de mayo, le tocó participar de la plantación en el entorno de Paso Severino, departamento de Florida, a un grupo de 20 voluntarios y voluntarias de Florida y Montevideo, inscriptos en el Programa de Mides. La actitud frente a la tarea, el clima colaborativo, la buena disposición para aprender y aportar, hicieron imperceptible el frío y la lluvia que amenazó por momentos.

Al esfuerzo y la disponibilidad de los voluntarios, se sumó la articulación y coordinación de las diferentes instituciones y organizaciones involucradas en esta oportunidad, que a través de sus técnicos y responsables guiaron y acompañaron la tarea (Mvotma-Dinama; MGAP– DGDR; Mides Florida; y Vivero Nativas de Cardal.

Cien ejemplares de diferentes especies nativas fueron plantados, a un metro de distancia entre sí, en dos líneas paralelas al embalse: Sarandí blanco y Sauce en la línea más próxima al gua; y Molles, Arrayán, Chal chal y Talas, en una segunda línea más alejada.

Reunidos en grupos, con palas, plantas y tutores en mano, los voluntarios repitieron la tarea de: desmalezar el punto de plantación con la azada, hacer el pozo en la tierra, quitar la planta de la maceta sin lastimar sus raíces, colocarla en el pozo, volver a cubrir con tierra, colocar el tutor, y apisonar. Todas las veces con la delicadeza y dedicación especial que esta tarea requiere.

El objetivo último es contribuir a la regeneración del monte nativo de la zona que oficia de filtro para minimizar o evitar la llegada de nutrientes al embalse —una de las principales fuentes de agua para potabilización—. Con la plantación retornan los pájaros y la fauna autóctona, que poco a poco vuelve a habitar este ecosistema, y contribuye también a su reconstitución.

Cada vez son más los voluntarios que llegan y participan de esta experiencia: jóvenes, adultos, mujeres, varones, de Florida, de Montevideo, de centros educativos formales y no formales, etc. De todos ellos se espera que sean portavoces de lo realizado, multiplicadores de la experiencia, y que contagien esa sensibilidad particular que trae consigo aquel que se preocupa y se ocupa del bien común: el ambiente.

La motivación

Ángeles es Psicóloga, chilena, hace un diplomado en Uruguay desde agosto del año pasado y se mueve en bici por nuestra capital, como vieja conocida. “Cuando entré a ver las propuestas de voluntariado me quería anotar en todo (…) Esta experiencia en particular me interesó porque estoy tratando de tener un giro en mi vínculo con la naturaleza, queriendo aprender a trabajar la tierra y apostar a la sustentabilidad”, cuenta.

Le gusta “el estilo y la calidad de vida de Uruguay”, le llama la atención “la relación del Estado y la gente, el contacto directo es alucinante, no se ve en todos lados; tampoco la apropiación que tienen del espacio público, donde conviven e interactúan propuestas de sociedad y Estado”, señala.

Diego, otro de los voluntarios participante es estudiante de Primer año de Agronomía, vive en Montevideo, y espera en este tipo de experiencias aportar su saber, aprender y fundamentalmente compartir con otros.

Natalia es de Florida y tiene experiencia en diferentes voluntariados, señala “el interés que muestran los jóvenes por los temas ambientales y también la gente ya mayor que cuenta con tiempo, disposición y experiencia para este tipo de actividades”. Se refirió a una doble motivación en los voluntarios: “el interés de ayudar y a su vez el interés propio del voluntario de construir también un proyecto de vida y ser parte de una propuesta colectiva. Tanto le hace bien al voluntario como a la sociedad.” Resaltó la importancia de “intentar ser constante, ya que en estas actividades se generan compromisos que uno tiene que cumplir”.

Martes, 22 Mayo 2018 12:18